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Daños al propio vehículo o a otros ocasionados por éste, con motivo de la circulación.

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El acto de conducir implica el riesgo de incurrir en responsabilidades frente a terceras personas tales como otros conductores, peatones u ocupantes del vehículo. Por eso, la ley obliga a disponer de un seguro obligatorio de responsabilidad civil para los vehículos a motor, matriculados o no, que cubra los daños personales y materiales hasta los importes fijados legalmente.

Más allá de la cobertura obligatoria, existen otras de carácter opcional tales como accidentes del conductor y los ocupantes, asistencia en viaje, cristales, defensa, reclamación de daños, daños del propio vehículo, incendio y robo.
El precio de este seguro se calcula con variables tales como: zona de circulación, tipo, potencia y valor del vehículo. También se tiene en cuenta la edad, el sexo, la antigüedad del carné y los antecedentes siniestrales del conductor.

Además de cumplir con la Ley, te proteges de un daño que puedas ocasionar a los demás o a ti mismo, cuya importancia se desconoce pero a la que estás expuesto durante horas. Evitas tener que pagar imprevistos y, en ocasiones, elevadas cantidades, e incluso cubrir los daños propios de tu vehículo.

Cada año te beneficias de un mayor descuento (bonificación) por no haber declarado ningún siniestro, con lo que la prima que pagas puede llegar a ser verdaderamente reducida.

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